#SALUD: Alarma por el adelanto generalizado de la pubertad

La estadounidense Ainsley Sioux reside en Fort Collins, Colorado, y es el vivo retrato de su madre. Cuando era más joven ya tenía sus ojos, su nariz y sus pecas, pero ahora también ha heredado su pecho, su estatura y sus mismas curvas. Nada particular si no fuera porque Ainsley es todavía una niña de 9 años que entró en la pubertad sin haber cumplido los 6.

The Week recogía hace poco su historia, que emociona en un país, Estados Unidos, inclinado a preocuparse por lo que muchos especialistas y científicos consideran ya un fenómeno contrastado: el adelanto generalizado de la edad con que los niños y niñas entran en la pubertad.

A los 6 años, Ainsley ya tenía vello púbico y en las axilas y algo de acné alrededor de la nariz. También le estaban creciendo los senos, y poco después empezó a menstruar. Aunque sus padres sospecharon de pubertad precoz desde el primer momento, comenzaron a preocuparse cuando notaron que su hija perdía estabilidad emocional. “Ainsley se enfadaba por tonterías o lloraba sin saber por qué”, explica su madre. De poco sirvió, según ella, acudir a los médicos, que se limitaron a descartar trastornos más graves. “Ninguno sugirió tomar medidas”, sentencia. “Por lo visto, han cambiado la definición de lo que es normal”.

La nueva normalidad

Eso es exactamente lo que está ocurriendo. La incidencia de la pubertad precoz ha crecido considerablemente en las últimas décadas, muy especialmente entre las niñas, hasta el punto de que muchos especialistas empiezan a cuestionar que debamos seguir considerándola realmente precoz. Si en los años 60 se consideraba que las chicas entraban en la pubertad a los 11 años, a finales de los 80 la reputada pediatra Marcia Herman-Giddes documentó en un estudio con 17000 pequeñas que el inicio de la pubertad se había desplazado a los 9,9 años en niñas blancas y a los 8,8 en niñas negras, aunque muchos científicos y especialistas no llegaron a reconocer estos datos.

En 2010, tres prestigiosas instituciones clínicas –el Cincinnati Children’s Hospital, el Kaiser Permanente of Northern California y la Mount Sinai School of Medicine of New York– decidieron dar por cerrada la polémica al contrastar en una investigación que, en efecto, la edad media de la pubertad normal ha descendido mientras que los casos de pubertad precoz han crecido. A la edad de 7 años, ya han empezado a desarrollar mamas el 23% de las niñas negras, el 15% de las niñas de origen hispano, el 10% de las de ascendencia anglosajona y el 2% de las asiáticas.

Factores externos

Se desconoce el porqué, aunque está demostrado que las chicas con sobrepeso son más propensas al trastorno, y la mayoría de los especialistas apuntan a la relación entre uno y otro fenómeno clínico. En los países desarrollados, la obesidad infantil se ha disparado en los últimos veinte años; en Europa son obesos casi un 20% de los niños y en algunas regiones de Estados Unidos la prevalencia del sobrepeso infantil se ha disparado hasta superar el 30%. Algunos especialistas, como la pediatra Emily Walwoord, van más allá y hablan de una –no consensuada– teoría de la pubertad y el peso crítico: la tesis de que la pubertad se desata inevitablemente cuando el cuerpo de la niña alcanza una determinada proporción entre masa y estatura.

También se ha relacionado el problema con químicos ambientales. Muchas niñas podrían estar asimilando estrógenos –en cosméticos y champús– y filoestrógenos –en productos derivados de la soja–. Se ha especulado con la presencia de químicos en el alimento y una leyenda, en particular, habla de la contaminación del pollo con hormonas, aunque ningún estudio solvente ha conseguido nunca documentar que la ingesta de carne de ave tenga responsabilidad alguna en la pubertad precoz.

Diagnóstico

Dependiendo del sexo, el desarrollo anticipado debe diagnosticarse de manera distinta. En las niñas, la pubertad precoz es mucho más frecuente y responde, por lo general, a un proceso benigno no patológico –simplemente, maduran antes de lo previsto–. También puede ocurrir con los niños, pero el 50% de los casos de pubertad precoz masculina diagnosticada está relacionado con la aparición de tumores –gonádicos y adrenales, en la mayoría de ocasiones– que liberan en el torrente sanguíneo esteroides sexuales.

A esta patología se la denomina pubertad precoz periférica o pseudopubertad y es de fácil identificación. En la mayoría de los casos, los caracteres sexuales no van desarrollándose conforme al orden normal: los niños pueden adquirir una gran estatura y musculatura antes de que de crezcan sus genitales, por ejemplo, mientras las niñas empiezan a menstruar regularmente mucho antes del desarrollo de las mamas o de la aparición del vello púbico.

Cuando esto ocurre, el diagnóstico debe acompañarse siempre de un riguroso chequeo médico para descartar algunos desórdenes menos frecuentes, pero más graves, como el tumor ovárico o la lesión cerebral –en este caso, en la hipófisis–. También es recomendable acudir a un especialista en endocrinología infantil para acometer un completo estudio hormonal y a un especialista reumatólogo para calcular la edad ósea del niño o niña, que probablemente será adelantada para su edad. Será siempre el pediatra el que nos diga cómo proceder.

Perspectiva y paciencia, los mejores paliativos

Tracee Sioux, la madre de la niña de Fort Collins y autora de un blog donde ayuda a padres en trances similares, se muestra convencida de lo que hay que hacer: “Ser honesta con ella, y con honesta me refiero a que le digas la cruda verdad, aunque sin olvidarse de que tiene 6 años”. Ainsley tendrá que enfrentarse a los mismos problemas emocionales que los adolescentes, sólo que siendo más joven y estando, por lo tanto, menos preparada. A esto tendrá que sumar los particulares de su condición prematura –que podrían afectar a su autoestima– y de su relación con los demás –y en particular, con aquellos amigos y compañeros dispuestos a hacer burla de ella–. En este caso, explica Sioux, es especialmente acuciante que los cambios cojan a la niña lo más preparada posible.

“Lo que tiene la pubertad es que todo el mundo llega a ella en algún momento”, añade la madre. Puede que hoy su hija se distinga entre sus amigas por su estatura, su pecho y sus encontradas proporciones, “pero en unos pocos años ellas también pasarán por lo mismo” y se equipararán física y mentalmente con Ainsley. “La perspectiva y la paciencia”, concluye, “son ahora sus dos mejores paliativos”.

Vía: Informe21.

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